El más conocido y premiado de los realizadores irlandeses contemporáneos, Jordan ha filmado alternativamente a un lado y otro del Atlántico productos de naturaleza y géneros dispares, experiencias de las que no siempre ha salido airoso, pero en las que ha sabido mantener cierta independencia creativa y de criterio.
Tras iniciarse como novelista, en 1981 colaboró como consultor de guión en el film Excalibur, de John Boorman, tras lo cual realizó un documental sobre ese film. En 1981 realizó el guión de Traveller, para luego debutar en la dirección con el thriller Angel, protagonizado por Stephen Rea, de allí en más su actor preferido y compañero de ruta.
En 1984 realizó una perversa versión del cuento infantil Caperucita Roja, En compañía de lobos, y luego un thriller emblemático de los años 80: Mona Lisa, que consagró internacionalmente a Jordan y a su protagonista, el actor Bob Hoskins.
Inmediatamente voló a Hollywood para encarar dos producciones: El hotel de los fantasmas y No somos ángeles.
La falta de éxito provocó su retorno a Irlanda, donde filmó The Miracle y El juego de las lágrimas, un drama político mezclado con una sorprendente historia de amor, que ganó el Oscar al Mejor guión y convenció a críticos y público. Gracias a ella, el regreso a Hollywood fue casi inmediato y con un producto grande entre las manos: una gótica adaptación de la novela de Anne Rice Entrevista con el vampiro. El elenco de galanes a su cargo era envidiable: Tom Cruise, Brad Pitt, Christian Slater y Antonio Banderas.
Consecuente con sus ideas políticas, en 1996 volvió a su país y realizó un film sobre un héroe de la lucha independentista irlandesa, El precio de la libertad, con Liam Neeson y Aidan Quinn. Poco después volvió a la crueldad y la perversión en La inocencia perdida, con Eamonn Owens y Rea, cuya estructura compleja le valió un Oso de Oro en el Festival de Berlín de 1998. Un año después realizó El ocaso de un amor, basada en una novela de Graham Greene, con Julianne Moore, Ralph Fiennes y nuevamente Rea.