El capitán Jack Sparrow requiere una vez más la ayuda de la pareja de Will Turner y Elizabeth Swann para escapar del alma en pena de Davey Jones, con quien el pirata firmó años antes un pacto diabólico cuya hora de ejecución ha llegado.
Tras el fenomenal éxito del primer episodio, el productor Jerry Bruckheimer recupera al trío protagónico original (Johnny Depp, Orlando Bloom y Keira Knightley), al director Gore Verbinski y a gran parte del equipo técnico para una secuela que tuvo el estreno en salas más taquillero de la historia de los Estados Unidos.
Esta segunda entrega mantiene el acierto de mezclar una historia de piratas con elementos del cine de horror y un estilo narrativo propio de un paseo en montaña rusa (de hecho, la película se inspira en una atracción de los parques temáticos de Disney). Sin embargo, la sensación de éxito asegurado con que han trabajado los productores ha resultado en un film exageradamente largo y cargado de giros argumentales sin sentido.
Más que a los films tradicionales de piratas, la historia remite claramente a la saga de La guerra de las galaxias, con un triángulo amoroso formado por una pareja sin mucha química y un aventurero simpático, algo ridículo y claramente destinada a ganarse el afecto, sino de la chica, del público.
También forman parte de la "herencia Star Wars" los viajes en pos de vagas misiones como excusa para ofrecer una galería de personajes monstruosos, en este caso piratas de ultratumba con partes corporales hechas de criaturas marinas prodigiosamente creadas con animación digital.
Tal como ocurrió con la saga de Matrix, el segundo y tercer episodio de esta serie fueron rodados simultáneamente, con el estreno del capítulo final previsto para 2007.