La misma pareja protagónica -Antonio Banderas y Catherine Zeta-Jones- y el mismo director (Martin Campbell) se reúnen siete años después del primer episodio para otra entrega de las aventuras del imaginario héroe enmascarado de la California del siglo XIX.
Como en otra numerosas adaptaciones cinematográficas contemporáneas de personajes heroicos, esta gira alrededor de la difícil compaginación que el justiciero debe hacer entre los deberes de su vida privada y los de su vida pública, con un joven hijo que admira al Zorro sin saber que en realidad este es su pacífico padre.
El guión es extremadamente previsible y apenas sirve como excusa para desarrollar ejercicios acrobáticos y de esgrima en un esquema de comedia de acción. El atractivo del film queda librado a la "química" interpretativa entre Banderas y Zeta-Jones.