París en 1968 es un estimulante telón de fondo para la relación que desarrollan tres jóvenes estudiantes de cine (un americano, la bella francesa Isabelle y su hermano gemelo Theo), que mixturan vida burguesa con ideales revolucionarios, discuten acaloradamente de cine y entablan perversas relaciones sexuales.
Bernardo Bertolucci vuelve a su época dorada y a la ciudad que siempre lo desveló, donde filmó dos de sus mejores películas, El conformista y Último tango en París. El regreso es menos vigoroso y provocador, pese a adaptar una transgresora novela que el escritor inglés Gilbert Adair se había negado sistemáticamente a trasladar a la pantalla en los últimos años.
Antes que nada, Los soñadores es un riguroso ejercicio nostálgico, que abunda en referencias explícitas al cine preferido del director (Godard, Bresson, Greta Garbo) y en guiños para los conocedores de su obra.