Una mañana cualquiera, Graham Hess, un ex pastor protestante viudo y con dos hijos, descubre unos extraños y gigantescos dibujos en sus campos de maíz. Desconcertado, no encuentra una explicación lógica, hasta que empieza a tomar en serio la teoría de su hijo mayor: se acerca una invasión extraterrestre.
El realizador M. Night Shyamalan construye su relato en base a un hecho real: los misteriosos dibujos descubiertos en Perú en la década del 70 y cuya realización se atribuyó en principio a seres de otro planeta, para ser calificados luego como fraudes. Así, retoma el tema de los fenómenos sobrenaturales, que, en 1999 con Sexto sentido, le dio fama mundial.
El film respira la misma atmósfera inquietante, cargada de espiritualidad y suspenso que el director desarrolló en aquella primera película y en la siguiente, El protector, aunque su cine luce cada vez más menos mainstream y más clase B con actores y presupuesto de lujo.
Además, Shyamalan -que se reserva un pequeño papel en el film- incorpora esta vez pequeñas y efectivas dósis de humor, en su mayoría a cargo de Mel Gibson -en su mejor papel en mucho tiempo- y Joaquin Phoenix, así como también mucha ironía con respecto a las investigaciones sobre los extraterrestres.