Veinticuatro horas de entrenamiento policial en las calles de Los Ángeles a cargo del experimentado detective Alonzo Harris, un oficial de narcóticos al borde de la legalidad, y el cándido aprendiz Jake Hoyt.
El guión saca buen provecho del submundo de la calle -el guionista David Ayer ya había demostrado conocer el paño en The Fast and the Furious (Rápido y furioso)- y del siempre efectivo esquema de apoyarse en una dupla protagónica con caracteres (y color de piel) opuestos.
Denzel Washington y Ethan Hawke acaparon los aplausos por sus actuaciones y los disparatados 15 minutos finales del film se llevaron todas las críticas.
Por este film, Washington se convirtió en 2002 en el primer actor afroamericano en recibir un Oscar como Mejor intérprete luego de casi 40 años.