Esta adaptación del cuento infantil de los hermanos Grimm hecha por Walt Disney es el primer largometraje animado y, también, uno de los clásicos más perdurables de la historia del cine.
La decisión de realizar un largometraje de dibujos animados en 1937, cuando el cine sonoro industrial llevaba menos de una década y la animación era considerada un género menor, fue de enorme audacia pero resultó un fabuloso éxito comercial y artístico.
Este film crea el género del largo animado y establece de una sola vez el patrón creativo con el cual Disney forjará innumerables éxitos durante los años siguientes: adaptar relatos infantiles clásicos en formato musical.
Disney incorporó hábilmente elementos del cine tradicional en esta obra, como el realismo de los movimientos, el uso de sombras, el montaje narrativo y el fuerte dramatismo de algunas escenas.
Premiada con un Oscar especial por sus logros técnicos y artísticos, la perfección formal de esta obra ha permitido que las audiencias infantiles la sigan viendo durante generaciones.