Un argentino de clase media, cuarentón y divorciado, vive sin ideales y sin afecto, absorbido obsesivamente por la administración del restaurante que heredó de sus padres. Está rodeado de gente que lo quiere pero a la que él no presta atención, encerrado en un universo de egoísmo, frustraciones y pequeñas revanchas. Pero algo inesperado lo obliga a enfrentar la realidad y tratar de cambiar su vida y la de sus seres cercanos.
Dos importantes productoras argentinas -Pol-ka, del exitoso Adrián Suar, y Patagonik- tratan de repetir en esta obra la receta de El mismo amor, la misma lluvia, un pequeño film de 1999 que tuvo considerable éxito de público, crítica y premios internacionales.
La fórmula: reunir al director y al protagonista de aquel film -Juan José Campanella y Ricardo Darín- para contar en tono tragicómico la caída de un hombre común y su redención por el amor.
Muy influido por las comedias clásicas del director estadounidense Frank Capra, Campanella se apoya en el carisma actoral de Darín, quien en 20 años de trabajo ha pasado de galán de TV a actor de culto.
Curiosamente, este segundo intento, pese a contar con un mayor presupuesto, es menos pretencioso que su antecesor, que trataba de describir dos décadas de cambios políticos y sociales de la Argentina a través de la marchas y contramarchas de una pareja de enamorados.
Aquí Campanella se concentra en narrar apenas unos pocos días en la vida del personaje principal con un argumento que profundiza en cuestiones personales y afectivas y solo se permite unas pinceladas de testimonio social.
El resultado es una obra convencional pero intensamente emotiva, que se convirtió en una de las películas más taquilleras de 2001 en la Argentina. Además de Héctor Alterio y Norma Aleandro, aparece en un pequeño papel otro actor de prestigio: Alfredo Alcón.
El film fue nominado al Oscar 2002 como Mejor película extranjera.