Un detective de Homicidios y un investigador rastrean la ciudad de Nueva York en busca de dos asesinos de Europa oriental que aprendieron una premisa fundamental del mundo occidental: la televisión puede transformar a cualquier victimario en víctima.
Bajo el formato de un thriller, el fim está más preocupado por reflexionar sobre los medios de comunicación que por su trama policial.
Su mayor acierto -al menos en materia de taquilla- es el casting: al experimentado Robert DeNiro se suma Edward Burns, joven realizador-actor surgido del Festival Sundance en su primer papel protagónico en un film de alto presupuesto.