Una editora se muda al departamento en el que -aparentemente- se había suicidado una joven muy parecida a ella. Una vez instalada, se involucra sentimentalmente con uno de sus vecinos, quien -aunque ella no lo sabe- se dedica a espiar a cada uno de los habitantes del lujoso edificio a través de un complejo dispositivo de cámaras.
La película llegó como repercusión del exitoso papel de Sharon Stone en Bajos instintos. Por lo tanto, repite el esquema de thriller erótico que tan buen resultado de taquilla dio en aquella obra. Sin embargo, y pese a sus pretensiones de reflexionar sobre la invasión a la privacidad y el voyeurismo, fue un ruidoso fracaso comercial.