Una restauradora anhela la maternidad y vive una tormentosa relación con su marido. Una cantante sufre de una profunda soledad afectiva, fruto amargo de su excesiva dedicación al trabajo. Con Buenos Aires y la ciudad guatemalteca de Antigua como telón de fondo, entre ambas surge una profunda amistad.
La película marcó el regreso a la dirección después de más de seis años del veterano Héctor Olivera. Lejos del premiado cineasta "político" de La Patagonia rebelde y No habrá más penas ni olvido -y también del oportunista "interpretador" de hechos sociales resonantes, como en La noche de los lápices y El caso María Soledad-, Olivera eligió para este retorno una temática (casi un género en sí mismo) no usual en su carrera: las historias de mujeres narradas por hombres.
Coproducción argentino-española, la principal apuesta de la película es conformar un elenco atractivo para el público de los dos países y contar una historia que pueda ser consumida sin sobresaltos en ambas márgenes del océano Atlántico.