Segundo trabajo de Mel Gibson como director, el film está centrado en la figura de William Wallace, el líder de la resistencia escocesa que, en el siglo XIII, se opuso a Edward I de Inglaterra y peleaba por la independencia de esa nación.
De manera épica, Gibson refleja el apogeo y la caída de Wallace, víctima de las intrigas políticas entre ingleses y escoceses. Con los feroces combates entre ambos bandos de fondo, la película combina el romance con la acción, el rigor histórico y una prolija recreación de época.
El film le valió a Gibson un Oscar como director en 1996 y otras seis estatuillas, entre ellas una a la mejor película.