Ambientada en Tokio en 1936 y basada en una historia real, la película narra el encuentro de un hombre casado y una mujer a la que conoce en un burdel. Allí, rodeados de otras geishas que cumplen el papel de familiares, celebran un simulacro de boda que termina en una fiesta desenfrenada.
Los amantes se van a vivir a una casa alquilada, donde el amor y los contactos sexuales se hacen cada vez más exigentes y absolutos, generando una relación que oscila entre el erotismo y la ritualidad.
Aunque el sexo tiene en el film un sentido metafísico, en la Argentina se la consideró una película casi pornográfica y fue -en la primera mitad de los 80- una de las primeras en recibir la calificación de "exhibición condicionada".