Floreal sale de la cárcel y recorre su barrio natal acompañado por el fantasma de su amigo "El Negro". Durante una noche, se reencuentra con otros amigos del pasado y de la militancia; también con Rosi, su mujer, y con los sueños perdidos.
En su segundo film tras su retorno al país -luego del éxito de El exilio de Gardel (Tangos)-, Pino Solanas vuelve a mezclar fantasía y realidad para construir un film nostálgico, evocativo, musical, que tiene su pico emotivo en la interpretación que el cantante Roberto Goyeneche hace del tango Naranjo en flor.
La película cuenta también con la participación del músico de rock Fito Páez en un papel secundario y le valió a Solanas la Palma de Oro al mejor director en el Festival de Cannes.