Un tímido contador, empleado de una gran empresa y casado con una mujer autoritaria, se evade de la realidad trasponiendo puertas de baños, a través de las cuales ingresa a un imaginario mundo privado y sensual.
Basado en una popular historieta de Trillo y Altuna difundida en la revista Humor Registrado durante los primeros años del retorno democrático, el argumento se presenta como una metáfora de la represión colectiva en la cual vivió sumergida la clase media argentina durante los años de dictadura que asoló el país entre 1976 y 1983.
Penúltimo film de Alberto Fischerman, logró una buena repercusión comercial, en parte debido al protagónico de Lorenzo Quinteros, que venía de lograr fama súbita con Hombre mirando al sudeste, y en parte porque Fischerman pone más énfasis en los aspectos eróticos que en el subtexto político de la historia.